What Changed After the Initial Review

12 de marzo de 2025 Por Héctor Romero Herrera

Cuando terminé la primera revisión de mi plan de entrenamiento, esperaba encontrar un par de ajustes menores: tal vez mover un día de descanso, corregir la carga de alguna serie. Lo que apareció fue otra cosa. El problema no estaba en los ejercicios, sino en cómo los estaba ordenando y en qué criterio usaba para decidir si una semana había sido productiva.

La revisión consistió en comparar lo que había registrado durante seis semanas contra lo que realmente había ejecutado. No hablo de sensaciones: hablo de las anotaciones de series, el peso usado, las repeticiones logradas y las horas de sueño. Al poner esos datos en una tabla, el patrón se hizo evidente. Los días que entrenaba fuerza por la mañana rendían mejor, pero los había programado después de jornadas largas de trabajo. El resultado era una sesión a medias, con menos intensidad de la que necesitaba.

El cambio concreto fue reordenar la semana. La sesión de fuerza pasó al martes y al jueves, cuando la carga laboral es más liviana. El lunes quedó para movilidad y técnica, y el viernes para un circuito de acondicionamiento más corto. No agregué ejercicios nuevos ni aumenté el volumen. Solo cambié el orden y empecé a medir el esfuerzo percibido después de cada bloque, no al final de la semana.

Lo segundo que ajusté fue la forma de registrar el progreso. Antes anotaba el peso máximo en cada ejercicio, lo que me llevaba a obsesionarme con números que no siempre reflejaban mejora real. Ahora registro tres cosas: la calidad técnica de las primeras repeticiones, la fatiga acumulada y si pude completar el volumen planificado sin bajar la velocidad de ejecución. Ese cambio de criterio me permitió ver avances que antes pasaba por alto, como una dominada más limpia o un fondo con mayor rango de movimiento.

La tercera observación tiene que ver con la recuperación. Durante esas seis semanas iniciales, descansaba un día fijo a la semana, sin importar cómo me sentía. La revisión mostró que necesitaba un segundo día de recuperación activa después de las sesiones más exigentes, no por lesión, sino porque el rendimiento del día siguiente caía de forma consistente. Incorporé una sesión de 20 minutos de movilidad y caminata ligera, y la diferencia en la calidad de las siguientes sesiones fue notable.

Lo que aprendí de esta revisión no es un secreto ni una fórmula mágica. Es simplemente que los datos, bien ordenados, te obligan a mirar lo que preferirías ignorar. Si llevas un registro honesto de tu entrenamiento, la revisión periódica deja de ser un trámite y se convierte en la herramienta más útil que tienes para decidir qué sigue. No hace falta complicarse: una libreta, una tabla y la voluntad de cambiar lo que no funciona.

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